Las canciones en los años veintes eran muy populares en México, y con ello me refiero a canciones fáciles de cantar, memorables y festivas , así como tristes y románticas, que aparecían en su mayoría en los llamados Teatros de Revista. Este género teatral se trata de representaciones musicales con aire burlesco, bromista y a veces cargado de un con carácter sexual y humorístico que sirvió en su momento como forma de entretenimiento para los pobladores de las ciudades en el País mexicano de la revolución.

El teatro de revista tiene su mayor auge en los primeros años de la década de 1920, aunque como todo género, tiene sus orígenes años antes, propiamente en los años del porfiriato (1880 – 1910). En esos tiempos era muy popular el género español de la Zarzuela, que era considerado como un género vulgar y escandaloso por la clase alta del país, sin embargo era muy socorrido por la mayoría de la gente que buscaba diversión en un país convulsionado por la guerra de la Revolución Mexicana. Poco a poco este genero se alejó de su origen español, adquiriendo el nombre y características de la Tanda.
La denominación para este género dramático – musical llamado teatro de revista, surge pues las canciones de moda y obras teatrales fueron siempre relacionadas con la revista impresa en que habían hecho su aparición. Las editoriales de esos tiempos anunciaban el lanzamiento de las canciones en la portada de sus revistas. Así se hicieron famosas varias canciones como la “Rumba de los Monaguillos”, interpretada por Lupe Rivas Cacho, y otras como “El Sombrero Jarana” , el “Tango”, y “La Alegría de vivir” que hizo célebre Cecilia Montalván en “El País de la Ilusión”, obra teatral del teatro de revista.
Los tres estilos composicionales más populares en la revista fueron el campirano, el romántico y el regional. Las revistas que utilizaban canciones del estilo regional se iniciaron con temas como “México Lindo” del compositor Chucho Monge, y “Del Rancho a la Capital”, del compositor Luis Aguilar, prefacio de la productiva y popular comedia ranchera del cine mexicano. Este estilo tuvo su apogeo con Lucha Reyes y celebres revistas como: “Rayando el Sol”, y “Un verdadero taquillazo”. El teatro de revista tuvo como precursores a artistas como el trío femenino Garnica Ascencio, la compañía regional de Héctor Herrera con los trovadores yucatecos, y poco después la compañía de revistas jalisciense. Todo este cruce de influencias, aunado al crecimiento y confrontación de los diferentes estilos, dio como resultado un verdadero apogeo de canciones populares de origen nacional.
Uno de los eventos más importantes de la década ocurre en 1927, año en el que se realizó La Feria de la Canción Mexicana organizado por el Teatro Lírico, que tuvo como ganador a Guty Cárdenas con su canción “Nunca”. En 1928, se llevó a cabo la inauguración del Teatro Politeama, que propició la aparición de un numeroso grupo de compositores de la revista como Emilio y Lauro D. Uranga, Fernando Ruíz, “El Muerto” Palacios, Leopoldo Beristain, Manuel Castro Padilla, Mario Ruíz, y Eduardo Vigíl. Esta generación logra poco a poco independizar las canciones del espectáculo; exponentes como María Grever, Jorge del Moral, Espinosa de los Monteros, Guty Cárdenas, Agustín Lara, Lorenzo Barcelata, Salvador Quiróz, Ricardo Palmerín y Joaquín Pardavé fueron algunos de los protagonistas de esta época de oro de la canción mexicana.
También es digno de reconocerse el talento y voz del tenor Pedro Vargas, quien estrenó buena parte de las canciones de influencia española de Agustín Lara. Temas como “Granada”, “Sevilla”, “Valencia”, “Cuerdas de mi guitarra”, y “Clavel Sevillano” destacan entre ellas. Otro gran valuarte de esta época fue Antonieta Peregrino mejor conocida como Toña la Negra que se hacía acompañar al piano con Agustín Lara. Temas como “Este amor salvaje”, “Por qué negar”, “Obsesión”, “Mentiras tuyas”, “Y sin embargo te quiero”, “Noche criolla”, “Pesar”, “Vereda tropical”, “Cada noche un amor”, “Angelitos negros”, “Lágrimas de sangre”, “Estás equivocado”, “De mujer a mujer”, “Como golondrinas”, “Diez años” y “Cenizas” fueron algunas de sus melodías más populares en la época.
A nivel musical, las canciones compuestas en esta época gozaban de un lenguaje armónico derivado de las composiciones románticas del siglo XIX, que como ya hemos mencionado anteriormente, eran portadores de una gran riqueza sonora y estructural. Por otra parte, estos intérpretes se hacían acompañar frecuentemente por un pianista, orquestas menores, y ensambles pequeños. A nivel lírico, las letras de las canciones estaban estructuradas con diversas formas literarias en las que se buscaba la belleza de la palabra, con el uso de rimas ingeniosas y temas profundos en el estilo romántico, y temas y dichos populares en el estilo regional y campirano. Obras como “El pajaro azul”, “Frivolidades”, “El País de la alegría”, y” Don Juan de Huarache” destacaron en los teatros de revista, algunas de ellas con un contenido político.
Al mismo tiempo los músicos académicos de la época como Bela Bartok (1841 – 1945), Igor Stravinsky (1882 – 1971), y Maurice Ravel (1875 – 1937) estrenaban obras con nuevos sonidos que expresaban el sentimiento del nuevo siglo, y la primera guerra mundial. En México surgen músicos académicos nacionalistas apoyados por el gobierno como Carlos Chavez (1899 – 1978) que también componía canciones populares.
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